Luna llegó junto a su mamá, abrazando su cuaderno de dibujos. Sus ojos brillaban de curiosidad ante el paisaje desconocido. El canto lejano de ranas y el susurro del viento envolvían la casa en una atmósfera mágica. "Mamá, ¿por qué el manglar parece tan vivo?"
Luna explora el porche, siguiendo el rastro de luces. De repente, nota símbolos brillando en el aire, como letras antiguas escritas por las luciérnagas. Siente que hay algo esperando ser descubierto.
El cuaderno se abre solo, mostrando páginas llenas de palabras y dibujos desconocidos. Luna se asusta un poco, pero siente una presencia cálida y protectora en el cuarto. Escucha un susurro lejano en el viento.
Las raíces se enroscan suavemente formando un arco. Al cruzarlo, Luna ve reflejos en charcos de agua, donde aparece la figura difusa de Doña Pancha, sonriente y misteriosa.
"No temas, Luna. Soy la guardiana de los recuerdos olvidados," La voz de Doña Pancha es suave como el agua, llena de ternura y misterio.
Ella se maravilla al descubrir que cada símbolo es una memoria de algún niño que alguna vez soñó en esa casa. Doña Pancha la guía, mostrándole cómo leer el lenguaje de la luz.
La curiosidad de Luna crece. Abre una de las puertas y ve escenas de su madre cuando era niña, jugando y soñando con hadas en el manglar.
En la niebla, Luna ve niños de distintas épocas, todos riendo y compartiendo historias. Siente que está conectada a algo muy antiguo y mágico.
"Las leyendas no mueren si alguien las recuerda,"Luna promete en silencio cuidar cada historia que descubra.
Las páginas de los cuadernos se abren solas, mostrando dibujos de manglares, niños y sueños. Luna baila con las luciérnagas, sintiendo que el tiempo se detiene.
"Mi tiempo termina, Luna. Ahora eres tú quien debe proteger las historias," Luna siente el peso y la alegría de la promesa.
"Prometo cuidar las leyendas y compartirlas siempre," Las raíces se entrelazan alrededor de ella, sellando la promesa con magia suave.
Luna siente que el manglar la acepta como su nueva guardiana. Los cuadernos flotan hacia sus manos, llenos de historias por contar.
Las luciérnagas forman un símbolo de infinito en el aire. Luna sonríe, sabiendo que las leyendas vivirán para siempre en su corazón y en el manglar.















